
A la cabeza de los Teen Angels están Juan Pedro Lanzani (18), Nicolás Riera (24), Gastón Dalmau (25), Mariana Espósito (17) y María Eugenia Suárez (17), los héroes juveniles que aparecen de lunes a viernes a las siete de la tarde por Telefe, con un promedio de 14 puntos de rating. El Gran Rex los espera. El Gran Rex, que explotará bajo gritos desesperados (aullidos...) cuando los ídolos invadan la enorme sala.Hay carteles, disfraces, vinchas, fotos, cachetes pintados con los nombres de la ficción: Thiago, Tacho, Rama, Mar y Jazmín. La música de los Teen Angels, con la actuación de Emilia Attias (22) y Mariano Torre (31), colmará la gran sala de la avenida Corrientes 857 durante los próximos fines de semana de invierno. Mientras tanto, los jóvenes israelíes esperan su oportunidad. ¿No se entendió? Los pibes ya vendieron más de dieciséis mil entradas para sus dos presentaciones en Tel Aviv…
GENTE pasó el fin de semana con ellos y se metió en los camarines, para contar cómo son y qué piensan los protagonistas. Pasen: por un rato, las puertas están abiertas.
ESA RUBIA DEBILIDAD. María Eugenia Suárez toma Nesquik cuando se despierta y cuando se duerme. Es fanática de las golosinas –marroc, yummis o chocolates aireados–, y prefiere los McDonalds a los restaurantes de lujo. “Nada de glamour; me gustan las cosas simples”, dice. Tiene muchos amigos varones con los que jugaba al fútbol en sus épocas de recreo. “Me decían Speedy González… Era tan rápida como torpe”. Ama ir al supermercado y odia ir al cine. “Soy de las personas con las que nadie quiere ver una peli: hablo todo el tiempo y nunca entiendo lo que pasa. Nadie quería sentarse al lado mío: se sorteaban para ver quién zafaba”, confiesa.
–¿Cómo te tratan los fans?–
Los fanáticos están cada vez más locos... Aparecen hasta debajo de las mesas. Ayer, después de la primera función, alguien le pidió un autógrafo a mi abuelo. ¿Podés creer?
Cómo lo reconocieron?–
Me habrán visto con él algún día... ¡Qué se yo! Hace poco se me apareció una fan con mis tatuajes –una estrella en el cuello y el signo de la felicidad, escrito en chino, en el cóccix–, pero ni siquiera sabía lo que significaba.
–¿Llorás delante de ellos?–
Creo que sólo me vieron llorar Agu, mi mejor amiga, y Chilo, mi perro. No lloro nunca.
–¿...? ¿Ni por un novio?–Menos que menos. Soy muy orgullosa como para mostrarme tan débil delante de un hombre.
LA MOROCHA. Mariana Espósito desayuna cereales con leche. Su comida preferida es el pollo al horno con papas y batatas (hecho en su casa) y está aprendiendo a cocinar: “Ya sé hacer pastel de papas, guiso y pollo al verdeo. ¡Voy mejorando, eh!”. Quiere estudiar cine, es fanática de Los Simpsons y El Chavo y muere por hacer una comedia como Sex and the City. “¿Una actriz? Sarah Jessica Parker, obvio”, casi grita… Anda en rollers, jugaba al hockey, y le encantaría ir de viaje de egresados. “Es una de esas cosas que uno tiene que hacer en la vida, pero yo no creo que pueda, por razones obvias”, aclara.
–¿Sentís responsabilidad al ver a tantas chicas que quieren ser como vos?–
Yo no soy un ejemplo de nada. Lo que muestro en el programa es un personaje. El que se vea reflejado, bienvenido sea, pero no sufro la presión de hacer las cosas bien porque algunos puedan sentir que soy un referente.
–Por lo que veo, los miman bastante.–
Sí, es una locura. Ya tengo una cámara digital, un iPod y un oso gigante con mi nombre. Bueno, no sé si gigante, pero de mi tamaño, seguro… Todos son regalos de los fans.
–¿Creés en el mensaje que trasmiten en la tevé?–
Mirá, hace poco grabé una escena en la que tenía que cuidar el agua. A partir de ese día ya no puedo ver una canilla perdiendo. Tengo que cerrarla, me pone nerviosa. Creo que son cosas que suman.

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